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FEBRERO MES DE CARNAVAL

Color, belleza y tradición.

TENERIFE, FANTASIA Y PASION

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El carnaval de la isla canaria de Tenerife se caracteriza por la enorme participación popular. Todos se involucran en una fiesta para la que se preparan con muchos meses de antelación.

Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, la Plaza de España es el lugar principal de la fiesta. Por allí desfilaran las murgas, comparsas y rondallas que serán testigos de la elección de la Reina del Carnaval, uno de los actos más conocidos y vistosos.

Las candidatas son jóvenes de 16 a 23 años que compiten por una corona que les convertirá en reina de las fiestas. Para lograr su objetivo han pasado muchos meses en gimnasios para fortalecer su cuerpo que soportará muchos kilos de una enorme vestimenta en forma de fantasía.

CARNAVAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

Después del de Río, posiblemente sea este uno de los carnavales más vistosos del mundo y también de los más elegantes y espectaculares

Tenerife, Islas Canarias

Decir carnaval, suena también a Tenerife, ya que en esta isla está profundamente enraizado el sentir carnavalero. Se remonta a muy atrás la celebración de estos festejos, y las máscaras más bien ³zarrapastrosas² eran las que mejor expresaban de cara afuera el alma del carnaval. No obstante, hoy en día el carnaval tinerfeño es más conocido por la vistosidad de sus desfiles, sus carrozas, y sus reinas. Es realmente espectacular este carnaval en el que sus desfiles de elegantes disfraces lucen con cada uno de los personajes que crecen y viven en estos días para dar esplendor a la fiesta. Miles de visitantes acuden cada año a disfrutar en Tenerife de unos días de juerga y transformismo. Después del de Río, posiblemente sea este uno de los carnavales más vistosos del mundo, y también de los más elegantes y espectaculares.

Historia del carnaval de Santa Cruz de Tenerife

SIGLOS XV-XVIII.- Fueron los conquistadores de las Islas quienes, llegados a Tenerife a mediados del s.XV, trajeron tradiciones ligadas con las fiestas del Carnaval, que se celebraban también en todos los dominios de la Corona.

Sin embargo, consta que las familias pudientes de la isla, según testimonio de escritores y viajeros de la época, acostumbraban en el s. XVIII, a celebrar bailes y fiestas a los que invitaban a viajeros distinguidos.

La plebe también celebraba los carnavales, aunque las autoridades civiles y eclesiásticas no aprobaban estas diversiones, por lo que se prohibían los bailes y bromas de las máscaras en las vías públicas.

Cuenta la historia, que el Carnaval, estuviera prohibido o no, debió celebrarse en la isla desde los primeros años de la colonización.

Con anterioridad al siglo XVIII apenas existen referencias al Carnaval en Tenerife. Solo se poseen algunas pertenencias de escritores y mas tarde, una serie de Disposiciones oficiales, especialmente "prohibiciones".

Durante el reinado de los Reyes Católicos parece cierto que era ya costumbre de disfrazarse en determinados días con el fin de gastar bromas en los lugares públicos.

En 1523, Carlos I dictó una ley prohibiendo las máscaras y enmascarados.
Felipe II también llevó a cabo una prohibición sobre máscaras.

Fue Felipe IV, quien restauró el esplendor de las Máscaras. La permisividad en el reinado de Felipe IV, llegó a extremos insospechados.

El martes de Carnestolendas de 1638, el Rey y toda la corte participaron en una boda fingida en la que el almirante de Castilla vestía de mujer, al igual que un grupo de nobles, el Conde Duque de Olivares hizo de portero: El Rey de ayuda de cámara y la Reina de "obrero mayor".

La prohibición de los "huevos-tacos", en 1906 acabó con esta tradición, influyendo decididamente en la aparición de los populares "cosos de confetti y serpentinas".

Uno de los elementos mas característicos del carnaval es la del hombre que se disfraza de mujer o viceversa. Este hecho siempre fue condenado por la iglesia.

Los carnavales de 1927 se iniciaron con una disposición de la alcaldía por la que de acuerdo con las ordenanzas municipales, aprobadas en el año anterior "queda absolutamente prohibido que los hombres se disfracen con trajes de mujer".

Para evitar problemas en el reconocimiento de las máscaras y facilitar la labor de los agentes municipales, hay quien propone con ironía "el nombrar una comisión de los más ecuánimes ediles, la que se encargará de ir visitando todas las casas y comprobar con antelación el sexo de las máscaras dando un salvoconducto o licencia, o poniendo en parte visible del disfraz el número de matrículas de la verdadera mujer"

Los antecedentes de las máscaras del Carnaval eran las denominadas tapadas de Santa Cruz, quienes iban a la fiesta de la Calle del Pilar con sus rostros cubiertos.

PROHIBICION DEL CARNAVAL.- Tras la caída de la Segunda República y el comienzo de la Guerra Civil española (1936-1939), se veta el Carnaval hasta la década de los setenta.

A partir de 1945, los tinerfeños comienzan a celebrar el Carnaval de forma clandestina en sus casas, aunque tanto las autoridades civiles como el Clero siguen prohibiendo su celebración.

En 1965 se acordó solicitar que las Fiestas de Invierno, como antes se denominaba a los carnavales, fuesen declaradas de interés turístico, por lo que dos años más tarde, en 1967, el Carnaval se convirtió en Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Anteriormente, ya había habido intentos de dar una mayor relevancia a la fiesta chicharrera por excelencia, y se declaró que el miércoles de Carnaval se denominase Día del Turista.

El nombre de Fiestas de Invierno se mantuvo hasta 1976, año en que, de nuevo, y ya sin las censuras que caracterizaron la dictadura franquista, adoptaron la denominación de Carnaval.

FIESTA DE INTERES TURISTICO INTERNACIONAL.- No obstante, fue el 18 de enero de 1980 cuando el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife alcanzó su más alto reconocimiento, al ser declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional por la Secretaría de Estado para el Turismo. En la actualidad, los diferentes grupos del Carnaval han paseado el nombre de la isla de Tenerife, tanto por la geografía española como por diversas partes del mundo, convirtiéndose así en el segundo más popular y conocido internacionalmente, después de los que se celebran en Río de Janeiro (Brasil).

 

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